El Real Valladolid practica un fútbol disociativo que separa la acción grupal en pro del acierto individual del jugador de turno. La disposición del medio campo se puebla de manera equivocada con un jugador menos que el contrario. Cuando Ponceau y Balboa se disponen próximos sin la ayuda en el flanco desocupado de un Chacón tan adelantado, su asociación con el otro volante, lateral o extremo de su lado es nula. El juego es anodino y previsible, fácilmente desmontable por el rival con solo colocarse de manera racional en un tres por tres.
Fuente: El Norte de Castilla