La La Segunda

Tres descensos, tres reconstrucciones

Tres descendidos y tres problemas distintos. Oviedo, Girona y Mallorca parten entre los candidatos al ascenso, pero antes tendrán que construir equipos capaces de competir en otra categoría.

La La Segunda · 29 DE JULIO DE 2026

Bajar juntos no significa caer de la misma manera

Los tres descendidos se estrenarán en casa. El Real Oviedo recibirá al Granada el sábado 15 de agosto; el Mallorca jugará ese mismo día contra el Valladolid; el Girona abrirá su curso el domingo frente al Leganés. La primera jornada les ofrecerá un escenario familiar y, al mismo tiempo, una obligación inmediata: ante su público, ninguno podrá pedir demasiado tiempo antes de mostrar algo reconocible.

El descenso suele ordenar los pronósticos antes de que el mercado termine de ordenar las plantillas. El argumento es conocido. Los clubes que llegan desde Primera suelen conservar más recursos, instalaciones consolidadas y futbolistas procedentes de una categoría superior. Todo eso ayuda. Ninguna de esas ventajas forma por sí sola un equipo preparado para ganar en Segunda.

El Oviedo fue último con 29 puntos y regresa sólo un año después de terminar una espera de veinticuatro años. El Girona sumó 41 y pone fin a cuatro temporadas consecutivas en Primera. El Mallorca cayó con 42 después de cinco cursos seguidos en la élite. Entre los tres hay trece puntos de diferencia, pero la distancia importante no está en la tabla. Está en aquello que cada uno ha perdido y en el tipo de fútbol que ahora necesita construir.

En Oviedo, la temporada dejó una plantilla sin continuidad en el banquillo, con muy poco gol y demasiadas vías de agua. El verano ha empezado por sustituir el centro del campo y la delantera. En Girona, el final de la etapa de Míchel obliga a distinguir qué parte de la identidad pertenece ya al club y qué parte dependía del entrenador que la levantó. En Mallorca, la marcha de Vedat Muriqi elimina 23 goles y también la solución que simplificaba casi cualquier ataque.

Esta primera entrega de la guía no busca decidir cuál tiene el escudo más pesado ni cuál reúne más nombres conocidos. El objetivo es entender si sus decisiones de verano responden al problema que los hizo descender. Revisamos el curso anterior, el nuevo entrenador, las operaciones ya cerradas y las primeras señales de la pretemporada. Cuando una posición siga abierta o una conclusión dependa todavía de agosto, quedará indicado.

Los tres parten con recursos para vivir arriba. También con una trampa común: en Segunda, ser favorito convierte cada empate en una pregunta. Antes de pensar en el ascenso, tendrán que demostrar que han dejado de ser los equipos que descendieron.

REAL OVIEDO

Ascender otra vez exige construir otro equipo

El Real Oviedo tardó veinticuatro años en regresar a Primera y una sola temporada en perderla. La tentación es mirar hacia junio de 2025 y buscar allí una fórmula. No existe. Aquel equipo estaba preparado para sobrevivir a un playoff y competir desde la ilusión de quien todavía persigue algo. El escenario será casi el contrario: muchos rivales le entregarán el balón y su propia grada exigirá iniciativa desde agosto.

La caída no se decidió por un detalle. El Oviedo terminó último con 29 puntos, seis victorias, once empates y veintiuna derrotas. Marcó 26 goles y recibió 60. Tres entrenadores pasaron por el banquillo: Veljko Paunović fue destituido en octubre, Luis Carrión regresó y salió en diciembre, y Guillermo Almada completó el curso. Los relevos no explican por sí solos el descenso, pero sí una temporada en la que cada intento de corrección duró menos que el problema.

También se cierra el relato que había acompañado al ascenso. Santi Cazorla anunció su retirada a los 41 años. Su marcha elimina una fuente de pausa y de último pase, pero sobre todo obliga a repartir una autoridad que durante tres temporadas se concentró de forma natural en él. Ahora ese peso deberá distribuirse y el equipo tendrá que dejar de girar alrededor del recuerdo del regreso.

Julián Calero ha firmado hasta junio de 2027. Conoce la categoría, ascendió al Levante en 2024/25 y ya había trabajado en Oviedo como segundo entrenador. En sus primeras semanas ha insistido en una idea razonable para un recién descendido: ser fuerte sin balón sin renunciar a mandar con él. El 4-2-3-1 ha ganado terreno como estructura inicial, con el 4-4-2 disponible para juntar a dos delanteros o atacar partidos más directos.

La elección del dibujo importa menos que el centro del campo que debe sostenerlo. Dendoncker, Sibo, Colombatto y Nico Fonseca ya no forman parte de la nueva medular. Aritz Aldasoro llega cedido desde el Racing para aportar recorrido y presión; Youness Lachhab, procedente del Ceuta, añade duelos y equilibrio; Daniel Villahermosa aterriza después de firmar siete goles y ocho asistencias con el Andorra. El club ha buscado tres funciones distintas en lugar de tres nombres intercambiables.

Villahermosa puede acabar siendo el fichaje que ordene el resto. Si recibe cerca de la primera línea, puede evitar que Alberto Reina o Ilyas Chaira tengan que alejarse del área para iniciar cada ataque. Si juega más arriba, ofrece llegada y último pase. Su posición dependerá de cuánto espacio necesite proteger Calero y de si el mercado añade otro mediocentro. Calero tendrá que decidir pronto dónde utilizarlo: el Oviedo necesita producir más sin partirse cada vez que pierde el balón.

El ataque también empieza de nuevo. Carlos Fernández ha firmado hasta 2028 después de marcar dieciséis goles en 35 partidos con el Mirandés. Su juego no termina en el remate: sabe fijar, descargar y asociarse cerca del área. Chris Ramos llega cedido por Botafogo y ofrece otra cosa: profundidad, potencia y juego aéreo. Uno puede ayudar a construir; el otro obliga a la defensa a correr hacia su portería.

Calero deberá decidir cuándo elegir y cuándo reunir. Con un solo delantero, el equipo puede mantener tres mediapuntas y controlar mejor la zona interior. Con Carlos y Chris juntos, gana presencia en el área, pero el centro se vuelve más exigente y los extremos deben trabajar más. Calero no tiene por qué escoger un sistema para cuarenta y dos jornadas. Lo importante es que ambos dibujos compartan mecanismos y no parezcan dos equipos distintos.

Alrededor de los delanteros hay más alternativas que certezas. Chaira y Reina fueron dos de los pocos futbolistas capaces de sostener la producción ofensiva en Primera. Hassan conserva el regate que puede abrir un bloque bajo. Pablo Sáenz, Jacobo González, Alexandru Ișfan y Víctor Mingo amplían la competencia. El mercado ha multiplicado las alternativas; la pretemporada todavía no ha ordenado la jerarquía.

En defensa permanece una base más reconocible: Aarón Escandell, David Costas, Dani Calvo y Nacho Vidal continúan, y Juan Cruz aporta experiencia para el lateral izquierdo. Esa continuidad ayudará, pero no borra los 60 goles encajados. Si los laterales avanzan y la presión se instala más arriba, los centrales tendrán que defender más metros. La mejora dependerá tanto de la última línea como de la reacción del resto cuando se pierda la pelota.

Los primeros amistosos han ofrecido más organización que fluidez. Es normal en un grupo con tantas incorporaciones y con varios atacantes todavía integrándose. También es el recordatorio más útil de julio: el Oviedo ha fichado soluciones, no automatismos.

Tiene argumentos para pelear arriba. El salto entre tener una plantilla profunda y tener un buen equipo lo decidirá el centro del campo. Si Calero encuentra pronto una pareja estable, acerca a Villahermosa al juego y reparte los minutos de sus delanteros sin romper el bloque, el techo será el ascenso directo. Si la integración se alarga, la presión del entorno puede llegar antes que el fútbol.

Junio de 2025 seguirá formando parte del relato del club, pero aquella versión ya no existe. El próximo ascenso dependerá de que Calero encuentre otra.

En síntesis

Clave: la nueva medular debe conectar una salida más elaborada con delanteros capaces de ofrecer soluciones muy distintas.

Jugador a seguir: Daniel Villahermosa.

Riesgo: acumular profundidad antes de construir cohesión.

Pronóstico La La Segunda: candidato al ascenso; rango provisional, 2.º–7.º; confianza media.

El Oviedo ha sustituido buena parte de sus piezas centrales. El Girona afronta un trabajo diferente: cambiar de ciclo sin perder una forma de entender el juego que durante cinco años estuvo asociada al mismo entrenador.

GIRONA FC

Los mismos 41 puntos ya no bastaron

El Girona terminó la temporada 2024/25 con 41 puntos y una diferencia de goles de −16. Fue decimosexto y se salvó. Un año después repitió exactamente los 41 y el −16. Esta vez acabó decimonoveno. La defensa mejoró ligeramente, de 60 goles encajados a 55, pero el ataque bajó de 44 a 39. No hubo un hundimiento repentino: hubo dos temporadas seguidas en el límite y una tabla que dejó de perdonar.

La comparación con el equipo que terminó tercero en 2023/24 es inevitable, aunque sirve poco si se convierte en la única medida. Aquella campaña fue extraordinaria. El problema real está en lo ocurrido después: el Girona no consiguió construir una versión estable para alejarse de la zona baja y terminó dependiendo demasiado de que una producción ofensiva modesta bastara para sobrevivir.

La salida de Míchel cierra una época. Llegó en 2021, ascendió en su primera temporada, consolidó al club en Primera, lo llevó hasta la Champions y dirigió 221 partidos oficiales. Durante ese recorrido, la identidad del Girona quedó ligada a su salida desde atrás, a la ocupación de espacios y a una valentía con balón que no desapareció ni ante rivales superiores.

El club quiere conservar esa forma de jugar, pero ya no dispone del mismo entrenador ni de muchos de sus intérpretes. No todo merece conservarse.

La respuesta ha sido interna. Quique Álvarez sube desde el Girona B, al que llevó de Tercera a Segunda Federación. Conoce la cantera y a varios de los jóvenes que vuelven de cesión. Su nombramiento busca continuidad, pero supone un salto enorme: nunca ha dirigido como primer entrenador en el fútbol profesional y recibe un vestuario con internacionales, contratos de Primera y la obligación explícita de regresar.

En su presentación habló de un equipo valiente y reconocible. La intención encaja con el club. El contexto cambia. En Segunda, el Girona encontrará más partidos con el rival cerca de su área y menos espacios para correr. Tener la pelota será habitual; usarla bien, no. Necesitará amplitud, presencia de remate y una presión tras pérdida que impida que cada posesión larga termine en una carrera hacia atrás.

La plantilla de finales de julio parece demasiado poderosa para tomarla como definitiva. Siguen bajo contrato o trabajando con el grupo futbolistas como Arnau Martínez, Alejandro Francés, Àlex Moreno, Fran Beltrán, Iván Martín, Donny van de Beek, Bryan Gil, Yáser Asprilla, Abel Ruiz, Vladyslav Vanat y Viktor Tsygankov. Basta leer los nombres para entender el techo. También para entender cuánto puede cambiar el equipo antes de septiembre.

Ya se ha ido una parte importante de la experiencia. Axel Witsel, Daley Blind, Juan Carlos y Rubén Blanco han terminado sus etapas. Los cedidos han regresado a sus clubes y Joel Roca ha sido traspasado al Olympiacos. En el lado contrario, David López continuará una temporada y Cristhian Stuani ha renovado hasta 2027. El uruguayo afrontará su décimo curso con 148 goles en 312 partidos oficiales. En una reconstrucción, su valor no está sólo en el área: mantiene un hilo entre el Girona que ascendió, el que llegó a Europa y el que ahora debe volver a empezar.

Los primeros fichajes apuntan a un ciclo más largo que una única campaña en Segunda. Iván Morante llega libre hasta 2029. Es un organizador acostumbrado a la categoría y viene de formar parte del Burgos menos goleado del último campeonato. Puede dar sentido a la primera fase y liberar a otros centrocampistas para recibir más arriba. Izan González, de 21 años, añade recorrido y polivalencia. Oleksandr Pyshchur, delantero de 2,04 metros y contrato hasta 2031, ofrece una referencia física que no existía en la misma medida.

Cada fichaje responde a una necesidad distinta. Morante parece preparado para asumir peso desde el inicio. Izan debe ganarse el lugar. Pyshchur puede alterar partidos cerrados con juego directo y centros, pero su adaptación no debería convertirse en una obligación inmediata. El Girona intenta competir por el ascenso mientras ficha jugadores con valor para el siguiente ciclo.

La abundancia ofensiva sigue sin resolver la pregunta del gol. Vanat fue el máximo anotador del curso anterior con nueve tantos. Stuani conserva una eficacia extraordinaria, aunque su gestión física será importante. Abel Ruiz necesita continuidad; Pyshchur, adaptación; Minsu vuelve después de una buena cesión en Andorra; Bryan Gil, Asprilla, Portu y Tsygankov ofrecen amenaza desde los costados o por dentro. Hay variedad, pero todavía no hay jerarquía.

Esa falta de orden también afecta al centro. Morante, Fran Beltrán, Iván Martín, Van de Beek, Ounahi, Misehouy e Izan permiten muchas combinaciones. Alguien debe iniciar; alguien debe acelerar; alguien debe quedarse detrás del balón. Si todos reciben por delante, la salida pierde claridad. Si todos quieren llegar, la defensa queda expuesta. Quique no necesita encontrar la alineación más brillante, sino la que mejor relaciona las piezas.

La defensa también cambia. Blind y Witsel ya no están, Vítor Reis regresó tras su cesión y David López deberá convivir con Arnau, Francés, Àlex Moreno, Yaakobishvili y los jóvenes. Una línea construida para defender lejos de su portería necesita centrales cómodos con espacio a la espalda y un centro del campo que corte la transición antes de que el problema llegue al área.

Por eso, sobre el papel, el Girona es el favorito más evidente. También es uno de los más difíciles de medir. Conserva el techo técnico más alto de la liga, pero puede perder varias piezas con el mercado avanzado. Quique ofrece continuidad interna; lo que todavía no tiene es experiencia al frente de un banquillo profesional.

La vara de medir ya no será el Girona de la Champions. El reto inmediato es romper el techo de 41 puntos que atrapó al equipo durante dos temporadas.

En síntesis

Clave: establecer pronto una jerarquía en un grupo con mucho talento y demasiadas situaciones abiertas.

Jugador a seguir: Iván Morante.

Riesgo: que las salidas importantes lleguen tarde y obliguen a reconstruir con la competición en marcha.

Pronóstico La La Segunda: candidato al ascenso directo; rango provisional, 1.º–6.º; confianza media-baja hasta conocer la plantilla definitiva.

El Girona todavía no sabe cuánto talento conservará. El Mallorca ya conoce la pérdida que condicionará todo su verano: 23 de sus 47 goles de Liga se han ido a Turquía.

RCD MALLORCA

Veintitrés goles no se sustituyen con un nombre

El Mallorca descendió con 42 puntos, los mismos que Osasuna y Levante. Llegó vivo a la última jornada, ganó 3-0 al Oviedo y cayó por el desempate. Su balance —once victorias, nueve empates, dieciocho derrotas, 47 goles a favor y 57 en contra— no describe a un equipo completamente superado por Primera. Describe a uno que pasó demasiados meses cerca del borde y pagó cada punto desperdiciado.

La diferencia entre casa y fuera fue brutal. En Son Moix sumó 33 puntos; lejos de la isla, nueve. Ganó dos de diecinueve desplazamientos. El estadio sostuvo la permanencia hasta mayo, pero cada salida obligaba a recuperar después lo que el equipo no había sabido conservar. Para un candidato al ascenso, esa dependencia sería insostenible.

El otro gran desequilibrio estaba en el gol. Muriqi marcó 23 de los 47 tantos ligueros y terminó segundo en el Pichichi, sólo por detrás de Mbappé. Su traspaso al Fenerbahçe no elimina únicamente la mitad de la producción. El kosovar fijaba centrales, convertía balones largos en posesiones útiles, atacaba centros y mantenía viva una jugada incluso cuando la construcción anterior había sido deficiente.

El Mallorca podía jugar mal y seguir teniendo una respuesta. Ese privilegio ya no existe.

La temporada, además, había erosionado la identidad del equipo. Jagoba Arrasate trató de construir una versión más protagonista, pero los resultados fueron debilitando la convicción. El bloque quedó a medio camino: menos seguro defendiendo cerca de su área y todavía sin mecanismos suficientes para mandar con el balón. Martín Demichelis llegó en febrero, llevó la lucha hasta la última jornada y renovó después del descenso. Semanas más tarde, el RB Leipzig pagó su cláusula. El Mallorca abrirá así el curso con su tercer entrenador de 2026.

Luis García Fernández firma hasta 2027, con una temporada opcional. Viene de sumar 73 puntos con Las Palmas y de caer en la semifinal del playoff. Su equipo fue competitivo desde la posesión y terminó la fase regular con una de las mejores defensas de Segunda. Esa experiencia encaja con la necesidad actual: el Mallorca debe tener más iniciativa sin repetir una transformación que lo deje peor protegido.

La primera prueba ante el Al-Fateh mostró un 4-2-3-1, presión sobre la salida rival y la intención de reunir a Darder, Morlanes y Pablo Torre alrededor del balón. Luvumbo marcó dos goles y Abdón completó el 3-0. Es un amistoso de julio, no una demostración. Sí permite intuir dónde quiere colocar Luis García el centro del juego: en una medular capaz de atraer, encontrar al mediapunta y acelerar hacia los costados.

Adrián Fuentes es la primera respuesta para el área. Llega del Córdoba después de catorce goles y tres asistencias en 41 partidos. Es un delantero probado en la categoría, pero convertirlo en “el sustituto de Muriqi” sería confundir una posición con una función. Sus cifras demuestran que puede finalizar con regularidad; cargarle además el juego aéreo, la fijación y la mitad de los goles de un candidato sería pedirle otra cosa.

Por eso el mercado ha añadido perfiles diferentes. Zito Luvumbo vuelve cedido por el Cagliari y aporta desborde desde fuera hacia dentro. Arnau Puigmal puede ocupar la banda o aparecer en zonas interiores. Antoniu Roca ofrece otra vía desde el costado. Álex Sala añade golpeo y llegada desde el centro. Aboubaka Soumahoro rejuvenece la defensa. Arnau Tenas llega cedido para competir por una portería que también cambia tras la salida de Leo Román.

La lógica del mercado es repartir las funciones que antes resolvía una sola referencia. Fuentes y Abdón deben ocupar el área; Luvumbo, Jan Virgili y Roca generar ventajas por fuera; Torre asumir el último pase; Darder y Morlanes conducir la posesión. Esa distribución puede hacer al Mallorca menos previsible. También puede dejarlo sin un jugador capaz de resolver cuando el plan colectivo no funciona.

El centro del campo ofrece la mayor ventaja técnica. Pablo Torre puede recibir detrás de los pivotes rivales y conectar con los extremos. Darder se siente más natural como interior que como mediapunta permanente; Morlanes puede dar continuidad desde la base. Álex Sala y Puigmal amplían las combinaciones. El problema aparece en la protección. Si Samu Costa termina saliendo, el equipo necesitará un futbolista que gane duelos, cubra las subidas de los laterales y evite que cada pérdida exponga a Raíllo y Valjent.

La defensa conserva a sus dos centrales de referencia, pero cambia alrededor. Maffeo ha sido traspasado al Olympiacos, Leo Román se ha marchado y el futuro del lateral izquierdo sigue ligado al mercado. Tenas y Soumahoro añaden calidad y proyección, aunque el equipo no puede esperar meses a que se adapten. Luis García quiere defender más lejos de su portería; eso obliga a coordinar mejor la presión y a controlar más espacio a la espalda.

El reto final será trasladar la calidad de Son Moix a los desplazamientos. Segunda ofrece campos, ritmos y partidos en los que la posesión se interrumpe, el área se llena y el balón parado pesa más que el control territorial. El Mallorca deberá ganar algunos de esos encuentros sin jugar como pretende. Eso también forma parte de un candidato.

El equipo conserva experiencia de Primera, uno de los centros del campo más fuertes de la categoría y recursos para completar la plantilla. Ha perdido, sin embargo, al jugador que permitía simplificar cada problema ofensivo.

No necesita encontrar otro Muriqi. Necesita conseguir que once futbolistas dejen de necesitarlo.

En síntesis

Clave: distribuir el gol sin perder presencia en el área ni protección tras pérdida.

Jugador a seguir: Pablo Torre.

Riesgo: dominar el balón, pero depender otra vez de Son Moix y producir menos amenaza de la que su posesión promete.

Pronóstico La La Segunda: aspirante claro al playoff, con techo de ascenso directo; rango provisional, 3.º–8.º; confianza media.

Tres descensos, ningún atajo

Oviedo, Girona y Mallorca recibirán la misma etiqueta en agosto. Pero las tareas no se parecen.

En Oviedo, la prioridad es convertir una renovación profunda en relaciones estables. Hay delanteros complementarios y un centro del campo nuevo; falta saber qué combinación permitirá atacar sin dividirse.

Girona parte, por ahora, con el techo técnico más alto. Todo dependerá de cuánto conserve, de cuándo se produzcan las salidas y de si Quique Álvarez consigue que la identidad del club sobreviva al final de la etapa de Míchel.

Mallorca ha perdido la pieza más difícil de sustituir. Tendrá que repartir el gol y la amenaza de Muriqi sin perder equilibrio ni repetir los nueve puntos obtenidos fuera de casa.

Los tres conservan recursos para pelear por el ascenso. Ninguno tiene derecho a él. La categoría no premiará el presupuesto anterior ni la procedencia del plantel. Premiará al equipo que antes entienda qué partidos va a encontrar y cómo quiere ganarlos.

En mayo, la clasificación no recordará quién llegó desde Primera. Sólo mostrará quién aprendió antes a competir en Segunda.

SIGUIENTE ENTREGA

LA CERCANÍA NO SE CONSERVA

Almería, Las Palmas, Castellón, Burgos y Eibar estuvieron cerca del ascenso durante la última temporada. Todos tendrán que perseguirlo otra vez después de cambiar de entrenador, perder futbolistas decisivos o modificar aquello que los había llevado hasta la zona alta.